Ir al contenido
Vapeo

Los cigarrillos electrónicos desechables están ahora prohibidos a la venta en Ginebra

Los cigarrillos electrónicos desechables están ahora prohibidos a la venta en Ginebra

A finales de agosto de 2025, el cantón de Ginebra dio un paso importante en materia de salud pública y de protección del medio ambiente. El parlamento ginebrino (Grand Conseil) votó la prohibición de la venta de los cigarrillos electrónicos desechables, conocidos como «puffs», en todo el cantón. Esta decisión, adoptada por casi unanimidad (un solo electo se opuso), va acompañada de una cláusula de urgencia que la hace aplicable de inmediato. Ginebra se convierte así en el segundo cantón suizo, después del Valais, en prohibir estos dispositivos controvertidos. Las autoridades ginebrinas envían una señal fuerte: la protección de la juventud y del planeta pasa ahora por delante de los intereses comerciales de estos productos desechables.

Una votación histórica motivada por la salud pública

Durante los debates en el Grand Conseil, los electos de todos los colores denunciaron con firmeza los perjuicios de los «puffs» sobre la salud de los jóvenes. «Estos productos, concebidos para atraer a los jóvenes, son una vergüenza», declaró una diputada señalando el marketing agresivo y lúdico de estos cigarrillos electrónicos miniaturas. En efecto, los cigarrillos electrónicos de un solo uso se presentan con colores vivos y aromas dulces (caramelo, fruta, refresco, etc.) que seducen particularmente a adolescentes y jóvenes adultos. Detrás de su apariencia inofensiva, estos objetos contienen nicotina a dosis elevadas, hasta 20 mg por aparato, suficientes para provocar una dependencia rápida. Las estadísticas son alarmantes: según un estudio de Unisanté citado por las autoridades ginebrinas, cerca del 60 % de los jóvenes de 14 a 25 años en la Suiza romanda ya han consumido un puff al menos una vez. Esta popularidad explosiva entre la juventud, combinada con los riesgos de adicción a la nicotina, convenció a los parlamentarios ginebrinos de legislar sin esperar. Hay que señalar que la venta de estos productos ya estaba prohibida a los menores desde 2020 en Suiza, pero esta regla se reveló insuficiente ante la amplitud del fenómeno. Numerosos menores lograban no obstante procurárselos, lo que reforzó el sentimiento de urgencia de una medida más radical.

Un azote medioambiental en el punto de mira

Más allá de la salud pública, otro motivo decisivo de la prohibición reside en el impacto medioambiental desastroso de estos cigarrillos electrónicos desechables. Cada puff es un concentrado de residuos: un tubo de plástico, una batería de litio, componentes electrónicos y restos de e-líquido químico. Concebidos para utilizarse una sola vez (alrededor de 200 a 400 caladas) y luego desecharse, terminan en su gran mayoría en la basura, o incluso abandonados en la naturaleza, a falta de canales de reciclaje adaptadas. En Suiza, se estima que varios millones de puffs se venden cada año. Estos millones de mini-cigarrillos terminan en gran parte en las basuras domésticas, las calles, los parques o los lagos, liberando plásticos y metales pesados en el medio ambiente. Las baterías de litio, en particular, plantean un serio problema: no solo estas pilas consumibles desperdician recursos preciosos, sino que provocan regularmente incendios en los centros de triaje y vertederos cuando se tiran con los residuos corrientes. Conscientes de este reto, los diputados ginebrinos fustigaron los daños ecológicos engendrados por los puffs. La prohibición apunta así a detener una fuente creciente de contaminación y de despilfarro, en coherencia con los compromisos medioambientales del cantón.

Presión de la industria e incertidumbres jurídicas

La decisión ginebrina no se tomó sin sobresaltos. La industria del tabaco y del vapeo ejerció un lobbying intenso para intentar hacer naufragar el proyecto de ley. Los fabricantes de puffs y los distribuidores hicieron valer sus argumentos contra la prohibición, sosteniendo que una medida así sería ineficaz y arriesgaría empujar a los jóvenes consumidores hacia un mercado negro incontrolado. Pese a estas presiones, el parlamento cantonal mantuvo el rumbo, estimando que el interés general debía primar. No obstante, subsisten zonas de incertidumbre jurídica. En Suiza, la legislación sobre los productos del tabaco, de la que forman parte los cigarrillos electrónicos, corresponde en principio a la competencia de la Confederación. Un cantón que prohíbe un producto legal a nivel federal se aventura por tanto en un terreno legalmente frágil. Se espera, por lo demás, un recurso ante el Tribunal federal (la más alta corte del país). Para recordar, en el cantón del Valais, precursor en esta prohibición, un gran grupo de la industria del tabaco (Philip Morris International) ya ha impugnado la ley cantonal ante los tribunales. Ginebra podría conocer el mismo escenario, lo que retrasaría o comprometería la aplicación efectiva de la medida. Mientras tanto, el Conseil d’État ginebrino (ejecutivo cantonal) debe promulgar oficialmente la ley y precisar las modalidades prácticas de su ejecución. Ello incluye los controles ante los comercios y la gestión de las existencias restantes de puffs en los detallistas. Mientras estos detalles no se aclaren y el marco legal no esté asegurado, es posible que perduren zonas de vaguedad en cuanto a la aplicación inmediata sobre el terreno. No obstante, la voluntad política exhibida no deja equívoco, y las autoridades ginebrinas entienden hacer respetar esta prohibición, aunque ello abra un pulso jurídico con la industria del tabaco.

Un movimiento de amplitud nacional e internacional

La iniciativa de Ginebra se inscribe en un movimiento más amplio de lucha contra los cigarrillos electrónicos desechables, tanto en Suiza como en el extranjero. A nivel nacional, las autoridades federales suizas también están actuando. En junio de 2025, el Parlamento federal adoptó una moción a favor de la prohibición de los puffs en todo el país, enviando una señal fuerte a favor de la protección de la juventud y del medio ambiente. Se espera por tanto que una adaptación de la ley a nivel federal siga, armonizando la prohibición en el conjunto del territorio suizo. En paralelo, varios cantones no han esperado la ley federal: además del Valais y de Ginebra, los cantones del Jura y de Berna han emprendido trámites para prohibir a su vez estos productos. Otros, como Vaud, ya habían restringido la venta limitándola estrictamente a los adultos, pero podrían ir más lejos próximamente.

En la escena internacional, la lucha contra los vapers desechables también se acelera. Francia votó la prohibición de los puffs en 2023 (entrada en vigor efectiva a principios de 2025) en el marco de su plan nacional antitabaco. Bélgica también ha prohibido los cigarrillos electrónicos de un solo uso, al igual que Irlanda y, más recientemente, el Reino Unido, que ha anunciado el fin de los puffs en el horizonte de 2025. En Alemania, se adoptaron medidas similares en 2025 bajo el ángulo de la protección del medio ambiente. En todas partes, los gobiernos invocan razones semejantes: desalentar el vapeo entre los más jóvenes y evitar la creación de una nueva contaminación de masa debida a los residuos electrónicos desechables. Ginebra, al alinear su política con esta tendencia internacional, se sitúa así como actor pionero en el espacio francófono suizo y se une al concierto de las regiones decididas a pasar página de los puffs.

¿Hacia una generación sin «puffs»?

Para los profesionales de la salud y de la prevención, la prohibición ginebrina representa un avance significativo en la lucha contra la banalización del vapeo entre los jóvenes. Al hacer menos accesible un producto a menudo percibido como lúdico e inofensivo, las autoridades esperan frenar el entusiasmo de los adolescentes por el vapeo desechable y prevenir una nueva generación de fumadores dependientes de la nicotina. Por supuesto, la medida deberá probar su eficacia sobre el terreno. Habrá que vigilar de cerca si esta prohibición reduce efectivamente el consumo de puffs o si, a la inversa, favorece la aparición de circuitos paralelos ilegales. El resultado de los eventuales recursos jurídicos tendrá también su importancia: una confirmación de la validez de la prohibición por los tribunales afianzaría la posición de los cantones e incitaría a otras regiones a seguir el ejemplo. Sea como sea, Ginebra ha marcado los espíritus con esta decisión audaz. Afirma su prioridad dada a la salud de sus jóvenes ciudadanos y a la preservación del medio ambiente, aunque ello sacuda a una industria poderosa. Si la tendencia se prosigue a niveles nacional e internacional, el cigarrillo electrónico desechable podría bien convertirse en un objeto del pasado en los años venideros, en beneficio de soluciones de vapeo más duraderas y mejor encuadradas. Mientras tanto, el cantón de Ginebra se dispone a escribir un nuevo capítulo de la prevención tabáquica, con la esperanza de inspirar a otras colectividades a seguir el mismo camino.

Algunas ilustraciones de este artículo pueden haber sido generadas o retocadas por una inteligencia artificial.

También le puede interesar