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Puro

Retrato del torcedor francés más anciano

Retrato del torcedor francés más anciano

Gérard Gorlier, más conocido bajo el seudónimo de « Don G », es el torcedor de puros francés más antiguo. Vive en Saint-Martin y posee una tienda muy frecuentada por los conocedores. De cerca: este personaje.

Cerca de 90 años y siempre la misma pasión

Don G va a cumplir 90 años en unos meses. Forma casi parte del mobiliario de su tienda, donde olores de madera y de tabaco se entremezclan. Este torcedor ha conservado su acento de las Cevenas y pronuncia incluso la « c » al final de la palabra tabac. Este hombre es sencillamente el torcedor de tabaco más antiguo de Francia y el único que existe en Saint-Martin. Y de propina, sigue ejerciendo.

Una vocación que se dibuja con los años

Gérard ayudaba a su padre a cultivar las olivas y la viña en Mus, en el Gard. Al principio, nada lo predestinaba a entrar en el universo del tabaco. Luego entra en EDF, donde ocupará un puesto durante 15 años. Pero en 1977, Gérard tiene de pronto ganas de dejar Francia para reunirse con su hermano en Saint-Martin, donde este último ocupaba un puesto de profesor de artes plásticas en el liceo.

Don G torcedor de puros

Allí abre una croissantería, luego se divorcia y aprovecha para viajar por el Caribe con amigos. Aterriza en Cuba y vive una auténtica revelación. El ambiente de la fiesta lo lleva a trabar amistad con tabaqueros que le enseñan las bases del oficio. Tras algunos viajes de ida y vuelta entre Cuba y Santo Domingo, Gérard lo sabe: será torcedor de puros.

Emprende entonces una formación reconocida en Santiago de Cuba y aprende todo sobre el puro. Allí conocerá también a su segunda esposa. Adquiere una fábrica de puros y vuelve a Saint-Martin con todo el material necesario para arrancar su actividad en la isla. Aún hoy utiliza las mismas herramientas que datan de 1900.

Don G fabrica y vende sus propios puros

Con el tiempo, Don G se perfecciona hasta el punto de que sus puros gustan a los aficionados. En los años 2000, vende hasta 300 puros al día a los locales y a los turistas. Sigue enrollando un centenar de vitolas al día, aunque la hora de la jubilación haya sonado.

Algunas ilustraciones de este artículo pueden haber sido generadas o retocadas por una inteligencia artificial.

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